Eterna oscuridad de una mente con recuerdos

miércoles, 19 de abril de 2017

Sobre Orenthal James Simpson




Había oído hablar de él decenas de veces en series y películas; chistes, referencias, anécdotas… pero en realidad ni conocía ni sabía quién era realmente O.J Simpson.
En 2016 se estrenó una miniserie de ocho capítulos llamada ‘The people vs O.J Simpson’, estaba teniendo mucha repercusión y me decidí a verla sabiendo únicamente que O.J fue un famoso jugador de futbol y que fue acusado de un doble asesinato. Si me basaba en los chistes y referencias que había oído durante toda mi vida podía deducir que estaba entre rejas y era culpable, pero lo que me encontré fue algo que no esperaba.

El juicio que empezó siendo contra O.J se transformó en un circo (palabra más usada y que mejor lo define) fue un espectáculo que crearon los abogados defensores para distraer la atención de O.J y centrarla en el evidente y latente racismo que había (y hay) en Estados Unidos. 

El artífice de esta pantomima fue Jimmy Cocraham, fiero defensor del pueblo negro y que a mi entender les hizo más daño que los policías blancos que apalearon a Rodny King. En ese caso la “justicia” se puso de lado de los hombres que nos “sirven y protegen” dejando claro que las apariencias importan más que los hechos. Pero defender a alguien claramente culpable (porque Cocrahm no era tonto) solo por el color de su piel y que este hombre evidentemente traicione después a su raza… Lo que se debieron reír Trump o Furkham (este último, ´policía nazi y racista hasta la médula, vamos, como el primero, excepto en lo de policía).

Como circo que fue, ganaron los más payasos. Los que más ruido hacían y los que más tonterías soltaban. Las pruebas daban igual, los hechos y las evidencias también, era un grupo de negros bajo el yugo del hombre blanco, contra una mujer blanca que caía mal a las mujeres negras porque la veían prepotente (dicho por una miembro del jurado afroamericana que aún hoy no se arrepiente de su decisión).

Probablemente, junto con ‘The Jinx’ y ‘Making a Murderer’ son los mejores ejemplos de por qué esa cosa que llaman justicia no funciona en absoluto. El jurado llevaba casi un año encerrado y solo querían irse, les daba igual O.J, les daba igual las personas asesinadas y les daban igual los abogados. Habría hecho falta un Fonda para poner cordura como el de ‘12 hombres sin piedad’.

Por supuesto ser una cara reconocida cuenta, la gente odia descubrir que está equivocada en algo, asumir un error puede ser la cosa más difícil a la que se enfrenta una persona, aunque ese error no pueda predecirse, como tener de ídolo a un asesino, por ello deseas y llegas a creer en su inocencia. Todo tiene que ver con la percepción, los prejuicios, los miedos, los deseos… la justicia ciega no existe.

La miniserie es un retrato muy real a lo que de verdad ocurrió, tiene el humor negro perfecto que impregnó todo aquel caso, sin embargo, solamente se centra en el juicio, algo que puede solventarse viendo la miniserie documental ‘O.J Made in América’ título, para mí, perfecto, ya que así se define el mismo O.J en una conversación telefónica desde la cárcel mientras se celebraba el juicio, decía algo como: “Yo no era así, América me ha hecho así.”

El documental ganador del Oscar va desde los primeros días de universidad de O.J hasta el día de hoy pasando obviamente por el juicio. Es el complemento perfecto para la serie, te dice cómo era él y porqué lo era y porqué acabó donde acabó. Todo el tema da para una tesis doctoral, desde luego.
O.J nunca luchó por el pueblo afroamericano, se desvinculó totalmente de sus problemas, pero el pueblo afroamericano lo veía de su color, así que era suficiente para defenderle. O.J se creía Dios, y con razón, básicamente hizo lo que le dio la gana durante toda su vida y siempre salió airoso, así que ¿Por qué no seguir así?


Era un hombre negro que se ocultaba detrás de una sonrisa blanca. Porque nunca la frase “era muy simpático, siempre saludaba” había tenido más sentido. Jugaba con su imagen, él lo sabía, sus abogados lo sabían y la gente de color no lo quería reconocer. Cualquier otro hombre anónimo no habría tenido el tremendo apoyo que tuvo él.

Para no destripar el final del documental en caso de que no conozcas el caso, no diré que ocurre, pero la forma en la que ocurre es una maravilla, casi poético.
En definitiva, tanto la mini serie como el documental, cinematográficamente hablando con una maravilla que no se puede perder, psicológicamente es de estudio. Es para mirar al mundo y ver todo lo malo que hay en él, nada funciona, ni en términos de leyes ni en la raza humana ¿El problema? Que hay gente que lo sabe, pero en vez de cambiarlo, prefiere aprovecharse de ello ¿La solución? La eliminación total de los prejuicios. O sea, que no hay solución posible.